20 dic 2011

Siete esbeltas Washgintoniae graciles

Había al final del claro del tenis, por ejemplo, al oeste del campo, un grupo de siete esbeltas Washgintoniae graciles, o palmeras del desierto, separadas del resto de la vegetación situada detrás (árboles normales de tronco grueso propios del bosque europeo: encinas, acebos, plátanos, castaños de Indias, etcétera) y con un buen trecho de prado alrededor. Pues bien, cada vez que pasábamos por allí Micòl tenía para el grupo solitario de las Washingtoniae nuevas palabras tiernas.

— «Ahí están mis siete viejecitos, podía decir. ¡Mira qué venerables barbas tienen!»

En serio —insistía: ¿no me parecían también a mí siete eremitas de la Tebaida, resecos por el sol y los ayunos? ¡Cuánta elegancia, cuánta santidad en sus pardos, secos, curvados y escamosos troncos! Parecían otros tantos San Juan Bautistas, en verdad, alimentados sólo con saltamontes.

Giorgio Bassani: El jardín de los Finzi-Contini [1962].

30 nov 2011

Cruces y palmeras en La Orotava

Iglesia de San Juan Bautista [capilla mayor]




















Calle León
















Jardín Victoria




















Iglesia de San Agustín desde el Jardín Victoria

6 nov 2011

Joven con cesto en los alrededores de las murallas [y dos palmeras]

Óleo/lienzo, 33,5 x 23 cm
Manuel García y Rodríguez
[Sevilla, 1863-1925]
Joven con cesto en los alrededores de las murallas.
1867

Lote 540. Subasta del 17 de noviembre de 2011 en Arte información y gestión.

1 nov 2011

Jardín antiguo [Luis Cernuda]


Palmeras en Sevilla. Noviembre de 2006
"Se atravesaba primero un largo corredor oscuro. Al fondo, a través de un arco, aparecía la luz del jardín, una luz cuyo dorado resplandor teñían de verde las hojas y el agua de un estanque. Y ésta, al salir afuera, encerrada allá tras la baranda de hierro, brillaba como líquida esmeralda, densa, serena y misteriosa.

Luego estaba la escalera, junto a cuyos peldaños había dos altos magnolios, escondiendo entre sus ramas alguna estatua vieja a quien servía de pedestal una columna. Al pie de la escalera comenzaban las terrazas del jardín.

Siguiendo los senderos de ladrillos rosáceos, a través de una cancela y unos escalones, se sucedían los patinillos solitarios, con mirtos y adelfas en torno de una fuente musgosa, y junto a la fuente el tronco de un ciprés cuya copa se hundía en el aire luminoso.

En el silencio circundante, toda aquella hermosura se animaba con un latido recóndito, como si el corazón de las gentes desaparecidas que un día gozaron del jardín palpitara al acecho tras de las espesas ramas. El rumor inquieto del agua fingía como unos pasos que se alejaran.

Era el cielo de un azul límpido y puro, glorioso de luz y de calor. Entre las copas de las palmeras, más allá de las azoteas y galerías blancas que coronaban el jardín, una torre gris y ocre se erguía esbelta como el cáliz de una flor".

[Luis Cernuda: Ocnos. 1ª edición, 1949].

30 oct 2011

Subiré a la palma y cogeré sus frutos

"Se ha de advertir que aquellas palabras de los Cantares —Dije, subiré a la palma y cogeré sus frutos— las declaran muchos santos del altísimo árbol de la Cruz, en la cual subió Cristo para coger fruto dulcísimo para nuestras almas. Y con harta conveniencia se compara a la palma.

Lo primero, porque tocada en la parte inferior es muy áspera (como dice San Gregorio), pero en lo más alto tiene dulcísimo fruto. Así la cruz en lo bajo parece triste y áspera, cercada de calaveras en el Monte Calvario, pero en lo alto tiene Aquel en quien desean mirar los ángeles, y el nombre dulcísimo de Jesús.

Lo segundo, porque la palma no solo es verde como los demás árboles verdes, sino el más verde de todos; y así la cruz de Cristo nuestro Señor, como si hubiera más deseado este color que otro, siempre se pinta verde, y con él se hermosea".

[Fray Luis de Quirós: Breve sumario de los milagros que el Santo Crucifixo de San Miguel de las Victorias de la ciudad de La Laguna ha obrado hasta el año 1590, y de los primeros predicadores de la fe en las Islas Canarias. Zaragoza: Juan de Lanaja, 1612].